La piedra de Caen, o pierre de Caen, es, pese a su escasez, un material que resuena en el imaginario de la cultura popular. Por su nombre no nos dice nada, aunque si escarbamos en su origen localizamos la ciudad de Caen, en la región de la Normandía francesa. Como es normal, las construcciones más antiguas y más bellas de esta ciudad están realizadas con base en su material local. Es el caso de la Abadía de los Hombres (actual Ayuntamiento de Caen), Abadía de las Damas (actualmente el Consejo Regional de la Baja Normandía), el Museo Memorial de la ciudad o el Castillo Ducal de Guillermo el Conquistador.

Sin embargo, este material encontró un mayor reconocimiento fuera de las fronteras galas. De hecho, Guillermo el Conquistador fue un duque de origen normando que llegó a conquistar Inglaterra y mandó construir los edificios más emblemáticos del Londres de la época con la piedra caliza de Caen. No solo eso, sino que abrió un mercado para la exportación de este producto a distintas partes del mundo. Gracias a la pierre de Caen caliza, admiramos la Abadía de Westminster y la Torre de Londres. Esta expansión y puesta en valor en el mundo de esta caliza exclusiva también ha acabado suponiendo su amplia presencia en el Colegio Eton, la Catedral de San Pablo (también en Londres), la Catedral de Colonia en Alemania, ocupa buena parte del Palacio Real de Bruselas y cruzó el charco hasta el retablo de la Iglesia de St. Louis en Misouri, en la Catedral de Saint Patrick en Nueva York y en muchos de los elementos ornamentales de grandes edificios en Nueva York.

Piedra de Caen - Stone Cross

Tras su gran expansión, Francia dejó de explotar la piedra de Caen. Sin embargo, en la actualidad esta ciudad vuelve a extraer su material más ilustre e internacional. Una oportunidad para que, quien se lo pueda permitir, dote a sus instalaciones de un elemento completamente exclusivo. Esta piedra caliza de un blanco marfil cuenta evidentemente con un marcado carácter clásico. Arquitectura románica, gótica, medieval… todas ellas definen los estilos con los que la pierre de Caen ha conquistado el corazón histórico de las grandes urbes europeas.

Además, existen múltiples construcciones de gran relevancia en tiempos modernos que poseen diversos elementos que imitan a la piedra de Caen. Este hecho evidencia la importancia de este material con el fin de lograr un resultado estético en una construcción. Es el curioso caso de la centenaria estación Grand Central Terminal de Nueva York. Un edificio grandioso tanto por su tamaño como por su estilo incomparable y que, pese a la maravilla arquitectónica que supone en sí misma, solo pudo conformarse
con una imitación de la piedra de Caen. Algo que supone que contar con este material de nuevo es un lujo y una cuestión de excelencia para una construcción moderna.

Volvemos a analizar un material eminentemente blanco. Un color que combina con todas las variedades cromáticas posibles, lo que multiplica sus posibilidades en diseño y arquitectura. La piedra de Caen es una caliza con unos matices más ocres, por lo que puede combinar mejor con materiales como madera, metal, o cualquier otro que pueda resaltar más en una gama de colores cálidos. Los materiales que reflejan (espejo, metal, cristal) también pueden ser una estupenda combinación para resaltar un material que es
único en el mundo y de acceso limitado.

Esta tonalidad no supone un problema a la hora de combinar variedades cromáticas ya que, como hemos dicho, sólo se trata de un matiz en el color blanco. El blanco eminente supone la apertura a todas las posibilidades a la hora de diseñar, decorar o construir. En construcciones domésticas, es una piedra destinada a crear entornos hogareños, confortables y cálidos. Su modalidad en bruto también destaca en la creación de entornos con estilo rústico y rural. Las posibilidades de este material van desde la creación de espacios lujosos e imponentes hasta suponer el elemento básico que inspire calidad de vida en un hogar.

Piedra de Caen, un origen marino

Esta piedra se formó durante el periodo Jurásico Medio, durante el avance máximo del mar. Necesita para su formación de un mar poco profundo (tipo manglar). La piedra de Caen es calcárea y fina, lo que la hace un elemento ideal para la escultura. Además, se han encontrado distintos fósiles marinos incrustados en la piedra durante este periodo. El trabajo con este material supone manipular un producto que ha necesitado millones de años para su formación y disfrute para la raza humana. Algo que también es relativamente común en el mármol.

Historia de un producto escaso y exclusivo

Pese a que este producto es explotado desde el periodo galorromano, no fue hasta la citada época del siglo XI donde este material gozó de su máximo esplendor. La Segunda Guerra Mundial supuso otro retroceso en la comercialización de este material. Caen daría nombre a una de las más importantes contiendas entre franceses y alemanes en este periodo. Ante la imposibilidad de llevar a cabo una actividad comercial, las canteras se convirtieron en refugio de los franceses ante el avance de las tropas nazis y los bombardeos. Unas actividades que serían retomadas tras la Guerra pero que decaerían en la década de los 60. La piedra caliza de Caen se rendía ante la extracción de una rival y vecina mucho más económica, la piedra caliza de Oise.

De forma excepcional, en 1986 se reabrió una de las canteras para extraer 2.000 metros cúbicos de roca. Dentro de esos 2.000, 800 se destinarían a la construcción del Museo Memorial de Caen. No sería hasta 2003, cuando se iniciarían los procesos legales para reabrir la cantera y proceder a la
actividad económica de forma continuada. Tras estos trámites, desde 2004 se puede volver a disfrutar de la piedra de Caen como material para restaurar los edificios históricos construidos y para nuevas construcciones.

Sin embargo, la producción de piedra Caen sigue estando muy restringida y apenas alcanza las 9.000 toneladas anuales. Algo que explica su carácter único y exclusivo. Disfrutar de una construcción en este material no solo supone un deleite para los sentidos del que lo disfruta, sino una auténtica responsabilidad para el encargado de diseñar los entornos en los que estará presente.

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